Mi playa desierta preferida y la única que conozco

Aprovechando que este blog es de fotografía en viajes, voy a ser breve en mi relato y dejar admiren por ustedes mismos las belleza del lugar.

Lo primero que hago cuando me despierto por las mañanas es anoticiarme de como esta el día mirando por la ventana y revisando Google Weather para ver como irá mutando a lo largo del día, ya que en Asturias el clima es muy cambiante durante la jornada.

Lo cierto es que cualquier clima me viene bien, me gustan mucho los días soleados como a todos (menos al Tato) pero también me encantan los días nublados y lluviosos. En cada uno veo una oportunidad distinta de fotografía y trato de aprovecharlo (lo que no me gustan mucho son los días ventosos, no tiene nada que ver con que mi pelo sea una fiesta)

Ese día estaba brillante desde temprano (raro en esta zona que por lo general el día empieza con neblina que después se va yendo) así que decidimos en un instante que ese día seria de playa.

Emprendimos el corto viaje hacia el norte pensando en el camino cual seria la playa que visitaríamos, y nos decidimos por la localidad de Rodiles. Un lugar pequeño pero con una playa muy bonita.
Al llega al lugar vimos que estaba ABARROTADO DE GENTE y tuvimos que conducir muchas cuadras hasta que pudimos estacionar. Al bajarnos, en vez de mirar hacia el lugar por donde veníamos manejando, mire para la derecha, vi que era medio inhóspito, así que nos metimos por un pequeño camino de tierra en medio de una arboleda y una planta potabilizadora de agua medio activa.
Al final del camino me encontré con ese paisaje que tanto había buscado por internet antes de mudarnos a Asturias, esa imagen paradisíaca casi jurásica de acantilados, vegetación y mar. Mis ojos no podían ver lo que creían. Si, lo escribí al revés tan solo de pensar en lo enloquecida que me dejo ese lugar y recordarlo para escribir este post.

No había nadie, nos habíamos topado con una playa desierta. No era por falta de belleza, claro estaba, sino porque no se puede acceder a ella fácilmente. Tuvimos que bajar por un sendero del ancho de un pie bastante peligroso. En el primer tramo de bajada lo hicimos a nuestra izquierda con una caída libre de unos 30 metros y a nuestra derecha vegetación casi impenetrable que vaya a saber Dios que bichos viven ahí, sin mencionar que había muchas plantas con espinas.

El segundo tramo que tuvimos que hacer para bajar no era tan peligroso pero si. Algún genio maestro de la vida incrusto una cuerda marina en una roca enorme y la lanzo al camino de bajada a la playa. Si, había que bajar haciendo un poco de rapel sobre una inclinación de piedras a 45º aproximadamente, ese dia no lleve el transportador XD

Había que confiar en esa cuerda y en el héroe anónimo que la había colocado o quedarnos con la duda para siempre y volver a casa.

Lo que paso después de pisar la arena fue puro relax,  patas en el agua y disfrute. Espero les gusten las fotos.

 

Y de bonus track…

 

2 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *