Colonia Caroya. Mucho más que el mejor salame de Córdoba.

Salimos de casa sabiendo que lo mas probable era que al llegar al destino nos diéramos con que la Bodega La Caroyense estuviese cerrada. De todas formas quisimos emprender esta pequeñita aventura ya que sabíamos que había mas por descubrir y asi fue.

Era la primera vez que visitaba Colonia Caroya (Tato había ido con su nonno tano que también hacía vino) . Hicimos un viaje tranquilo y descubrimos una ruta muy distinta a las conocidas de las Sierras y Sierras Chicas. Una ruta de muchos sembrados y para nuestra sorpresa de muchas curvas y zigzag entre llanos.
Antes de llegar pasamos por varios pueblos que tampoco conocíamos como Colonia Tirolesa, que es pequeño pero tiene su encanto y La Puerta, que solo tiene un par de casas al costado de la ruta.
A escasos kilómetros antes de llegar a destino, nos estaba esperando un camino custodiado de punta a punta por grandes árboles. Para nuestra sorpresa era un paisaje que nos dejó encantados y tuvimos que frenar a hacer unas fotos porque semejante belleza había que dejarla plasmada. Imagino que mas entrado el otoño cuando las hojas ya están todas doradas debe ser otro espectáculo digno de ver. Este tramado de árboles se extiende por todo el pueblo y pudimos averiguar que eran aproximadamente unos 2500 ejemplares y que estaban plantados hace alrededor de 100 años atrás. La historia cuenta que nadie sabe de donde fue que consiguieron tantos arboles.

Mas adelante en el camino, mientras recorrimos sus calles, nos encontramos con la Bodega La Caroyense. En el estacionamiento no había nadie y pensamos que estaba cerrado. Dejamos el auto, hicimos un par de fotos y Tato se acerco a la puerta y se da cuenta que estaba abierto.
Entramos y nos informaron que había un tour que era gratuito y que si queríamos hacerlo debíamos esperar hasta las 15hs asi se juntaba mas gente para hacer la visita guiada. Asi que nos fuimos a almorzar muy contentos porque íbamos con muy pocas esperanzas.


Buscamos un Google Map donde almorzar, y siguiendo un par de reviews nos decidimos por La casa del Friuli. Un hotel que quedaba sobre la ruta y por fuera se lo veía bastante bonito.
El ambiente adentro era bastante tranquilo y familiar. Hicimos nuestro pedido al mozo sin mayores aspiraciones y para nuestra sorpresa eran dos tremendos platos con una pinta de alta cocina. Tato pidió unos rolls de pollo caramelizado rellenos sobre una ensalada de trigo y criolla. Yo pedí bife de chorizo relleno con panceta y cebollas caramelizadas con un souffle de papas. Ambos platos estaban mas que exquisitos y su precio estaba muy bien. La atención también fue extraordinaria.

Mi plato
Detalles del lugar

Ya se nos hacía la hora para volver a la bodega y nos retiramos con la promesa de volver a probar más platos porque tienen una carta bastante tentadora.

Volvimos a la bodega. Al entrar en esa hermosa estructura industrial que posee La Caroyense, no había mas gente que nosotros asi que la visita guiada se convirtió en privada. Recorrimos todas las instalaciones con una carismática guía (no recuerdo su nombre) pero fue muy atenta y nos explicó en detalle toda la historia de la Bodega desde que nació en 1930.

Dentro de La Caroyense

Recorrimos diferentes zonas de la bodega, desde donde depositan la uva los camiones, hasta el lugar de envasado. Pero ningún lugar fue tan sorprendente como las cámaras de vino. Bajamos por unas escaleras unos dos pisos para meternos en esas habitaciones gigantes donde antes estaba el vino reposando. Ahora abandonadas claro, pero  estaban acondicionadas para la visita.  También conocimos parte de un túnel subterráneo (bastante tenebroso) que cruza toda la ruta para llegar al otro lado donde en esa época se encontraba el depósito y nos contaron que también llegaba a otros lugares. MUY GENIAL TODO.


Al terminar el paseo nos hicieron una degustación de vinos y jugos de uva sin alcohol, que para nuestra sorpresa era muy ricos así que hicimos un par de compras y nos fuimos chochos de lo buenísima que fue visitar esta bodega.
Luego simplemente seguimos el camino para darnos cuenta que habia mucho mas por conocer en este pequeño pueblo que es una gran zona de restos jesuitas, pero eso ya lo dejamos para otra nota sobre lo que conocimos de esa parte de la historia de Córdoba.

Ahora ya sabés, si no conoces Colonia Caroya o solo fuiste de paso, te recomendamos que vayas a pasar al dia que hay mucho por ver, hacer y probar.

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